Nota: lean esto, porque no van a entender.
Acto II: Escena I
Escena:
Una hoja en blanco,
interminable,
de este a oeste,
durante una noche de junio,
ya lejos tanto en mi mente
como en otras.
El tiempo pasa,
el mundo se mueve.
El pasado se hizo para superarlo,
por más que lo niegues.
Eres uno más.
Partamos de ahí.
Un pixel, un ladrillo,
un hilo, un trazo.
Un pedazo insignificante
para la pantalla, para la pared,
para la alfombra, para el dibujo.
Y sin embargo,
ni eso sos.
Sos parte de una parte,
un objeto inidentificable
entre lo que dijiste,
lo que callaste
y las puñaladas
con las que trataste de herir.
No hay peor cosa
que ver el mundo
yendose para no volver,
y sentir que ya no sos
nada para mucha gente
que decide vivir sus vidas,
y no estorbar las de los demás.
Hay victorias en el silencio
boludo
algun dia lo aprenderás.
Acto II: Escena II
Un camino no te lleva a ningun lado.
Viendo el cartel, por supuesto.
Tus pasos te llevan a otro lugar,
más aca, tal vez más alla,
pero de seguro distinto a donde partiste.
Hay incertidumbre
en el polvo que levanta cada vez
que tus pies dan un paso adelante
y ese polvo ensucia tus pantalones.
Triste, pero funciona así.
Lastima que tus pantalones,
desde la entrepierna,
ya estaban sucios.
Debe ser por eso que tienes miedo,
dios si tendrás miedo, jeje,
a dejar algo a lo que aferras atrás.
Todo es seguro, pero te pudres,
lo que no se mueve se herrumbra,
ya te darás cuenta de cuan herrumbrado estás.
Acto II: Escena III.
Al final, siempre
pero siempre, eh?,
hay un poco de satisfacción
y otro tanto de temor.
La piel se hace de acero,
la mirada lacera tanto como los labios,
y las cosas toman otro sabor,
uno que de seguro desconoces.
Ahí atrás,
por más que lo busques,
no lo vas a encontrar, ni por puta casualidad.
Quedarse atrás
es morir.
Pero creo que lo sabés,
ya que tus palabras
son pequeños trazos en la arena,
nacidas inutilmente, de la mano
de un
flor de
inutil
y se van con el viento
que levanto cada vez que doy
un paso hacia adelante
y te dejo más atrás, más atrás
más atrás, más atrás.
un pequeño punto que al final
se pierde más allá del horizonte.
Entonces, llega el estruendo,
pero no me sorprende, en realidad,
porque lo que queda atrás
se muere.
Fuckin' cadaver.
viernes, febrero 22, 2008
Acto II
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:19 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo cartografía ombligocéntrica, cueck, literatura, poesía
Acto I
Acto I: Escena uno (tling!)
llega hasta el final, suena la campanita
y de vuelta pa'este lado]
Escena:
Una nota muriendose
sobre el océano crispado
de las pinceladas oleosas
que conserva, a duras penas ya,
una memoria tan ineficaz
y mellada que no logra cortar
del todo con el agua
y el aceite
que la fundamenta
dentro del cuadro.
Pongamosle un nombre.
Digamos... Vos, así,
para que no queden registros
de tu patetismo falsete
y de tu careta rodando con tristeza,
lágrimas sueltas de tinta tonalidad
inútiles en el llanto,
y en la sangre que corre
sobre la loza del baño.
Pero "wait there, motherfucker.
you're goin' too fast, and i've got a slow mind"
dirás, y a decir verdad, no estás equivocado.
Sin embargo, no interesa
de todos modos
te vas a enterar.
Dios! Si te vas a enterar.
(tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac tling
tracatracatracatracatraca
tac-tac-tac-tac-tac-tac-tac)
que no oís, pero sabes que está,
ahí,
colgando en un punto entre tus rostros,
los riffs de tanto tiempo, y la mierda que te carcome
pero que no llegas a entender.
You got a slow mind, that's true.]
Un espejo es una laguna
puesta encima de un pozo interminable
en donde la luz se pierde
y la oscuridad surge.
Una mancha que de a poco
transforma tu cuerpo
en un recuerdo de carne,
visceras y las mierdas que contiene.
Ruge tu garganta
en risa tal vez,
pero suena a llanto, más allá.
No te das cuenta
que tus pasos son
caricias para la piedra
y que tu voz
no es ni eco.
Tus palabras se borran
y necesitas que no se borren.
Para eso son las palabras
(coma espacio, enter, abajo)
imbecil.
Acto I: Escena III
Pero todo se va.
Gotas puestas en un vaso
olvidado por alguien
bajo una lluvia tan intensa
que el agua toma forma
y te enajena, haciendote uniforme.
Te creías especial,
siendo gota, siendo grano,
siendo voz en el silencio,
pero que eres
cuando estas en la laguna?
cuando estas en el desierto?
cuando los sonidos de tu garganta
corren perdidos
en el laberinto de ciudades?
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:03 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo cartografía ombligocéntrica, cueck, literatura, poesía
intitulado 22.02.08
Podrían tener título las palabras,
mas hoy curtido el oído en tu voz
deja que caigan en un pozo vacío
lejano
ubicado ahí en donde estás estancado, vieja
perdido en el torbellino que desatan
agujas enloquecidas
que te estancan, boludo, te estancan
girando gigantes sobre tu sombra.
Podría sentir tantas cosas,
todas las emociones curtiendo la piel
y la mente ágil en las respuestas
de las manos y de la lengua,
pero tu juego
a ver boludo como te lo digo para que entiendas
es patético, demasiado tal vez
como para que lo siga incluso
los callados de toda la vida.
Porque
a ver si te enteras de una vez
sos menos que sombra
en una noche de tormenta,
insignificante grano de arena
en el más desolado de los desiertos,
y podría seguir,
pero te das cuenta que cuando todo gira
y uno permanece quieto, mareado en la playa
y con el pasado de roca pero con presencia de arena
encima,
todo se va, excepto lo que queda,
y lo que queda
imbecil
es tu voz, hablandole a nadie,
alla donde mi sombra no habita
y a donde mi vista no se dirige.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 12:48 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo cartografía ombligocéntrica, cueck, intitulado, literatura
martes, febrero 19, 2008
El Club de la Pelea, de Chuck Palahniuk
La memoria fundamenta ciertas busquedas, mediante relaciones azarosas de acontecimientos, necesidades, personajes.
Esta, particularmente, empezó tiempo atrás, cuando ví el trailer del juego de El Club de la Pelea y escuchaba las notas de Head for the Barricade, de Limp Bizkit. Empecé a atar hilos. Youtube mediante vi pedazos de una peli que en su momento se me había antojado innecesariamente complicada y aburrida. Además, actuaba Brad Pitt, y mi prima diciendo "Lo parto, te juro que lo parto" a cada momento no ayudaba nada. Por mí, todavía no lo había visto en "12 monkeys" y me parecía un actor más, que se fundamentaba en su imagen más que en sus dotes de actor. Me enteré entonces que había un libro de la peli, obra de un escritor estadounidense llamado Chuck Palahniuk
Esa fue la única vez que ví la peli. Tenía 13 o 14 años. No sé porque aun no la busque para verla de vuelta.
En fin. Estos ultimos días vi "Sweeny Todd" un par de veces. Me parece una gran pelicula, altamente recomendable, con actuaciones soberbias de parte de Johnny Deep y de una actriz que espectacular, que es la esposa del dueño del circo, Helena Bonham Carter. Buscando información sobre esta gente me dí con que había actuado en The Fight Club, antes. Y ahí salí en caza, de vuelta, el maldito libro.
En toda Córdoba no había una fuckin' copia. Cúspide Libros decia que tenía una (una!!!!!) copia en stock, pero estaba en Buenos Aires. Y encima valia $77. Gasté $85 en "La Torre Oscura: El Pistolero", pero bueh, sabía de que se trataba. No pensaba arriesgarme con un libro del cual tenía una ligera sospecha y una más sospechosa aun sinopsis de la Wikipedia a mano.
Buscando en Google, por otro lado, no llegué a ningun lado. Hasta que empecé a buscar de manera más general. Así caí de vuelta en una página a la que antes iba con frecuencia: Genio Maligno, donde estaba lo que yo quería.
Ahora es cuestión de hacerlo imprimir. No creo que salga caro, pero bueh, habrá que ver.
Si buscan libros para descargar, Genio Maligno es una buena alternativa. Se las recomiendo. Y no, el de Fusaro no está.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:49 p. m. 2 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo cartografía ombligocéntrica, libros, literatura
Desfasaje
al pie de un cuello que se erige
como piedra fundamental de todas
las tentaciones y del lienzo que contiene
todas las sensaciones que se despiertan
tiempo después, mucho tiempo después,
ccuando de ellas no quedan más que una flor
naciendo en donde los besos se fusionan
con tantas imagenes y con suspiros mal disimulados.
Un fotograma ajeno al celuloide
remite al desierto que contrasta
tu piel con el rojo infierno debajo de tu nuca,
tan accesible a la vista como ajeno
a las intenciones de hacerte nuestra,
dentro de esta carcel sustentada
en saberse preso de tu imagen
congelada, de espaldas,
mostrando una imagen de locura,
anónima y ya extinta,
aunque constante en mi memoria.
Un último recuerdo
de un enero que desfallece
para siempre en un remolino
de negaciones y lamentos.
Tu rosa,
grabada en el dolor de tu mirada
es el hilo que conduce todo a estas letras
ya sin sentido y que a nadie importan.
Despiertan las praderas del ensueño
en tu primavera eterna
grabada en la columna que te sostiene.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:04 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, poesía
Ponele
Flamante en el danzar estelar,
recortada en la nada que todo lo abarca,
una caricia plena en visiones
sube recortandose entre el telón nubloso
de una noche confusa y de colores
estampandose en la retina
con la dureza de la cementosa pared
que busca extenderse debajo de mis pies
y dejarme ver destellos lejanos
de una historia inconclusa
escrita para no leerse sino vivirla.
Ponele, que estaba en pedo
y que me rompí la jeta con la pirca de casa.
Ponele, nomás.
Las gotas de un futuro tomando forma
en letras de cartas jamás escritas,
y en esperanzas consideradas perdidas
que corren sin sentido de derrota
para morirse en una laguna de impiadosa acidez
que carcome, al fin, el cuero de los pies laborantes.
Ponele, entonces
que quise hacer pis contra el arbol
y me termine meando la pierna.
Ponele nomas
que todo lo que se dice es sólo
una pequeña parte de la realidad
y que las palabras disfrazan
hasta el vestigio más hermoso
de las sonrisas silenciadas.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 12:12 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, poesía
lunes, febrero 18, 2008
Fragmento: "La hora sin sombra", de Osvaldo Soriano - Capítulo 4
"Vivimos esperando algo grandioso y eso nos mantiene en pie".
Necesitaba compartirlo. Nada más. Espero que lo entiendan.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 10:45 p. m. 4 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo libros, literatura
intitulado 18.02.08
run motherfucker
Todo cediendo debajo de sus pies,
sin que le importe
la velocidad con la que se suceden
el vacío y la tierra,
ni los hechos, ni los tiempos,
ni las esperanzas.
run
Rompiendo la niebla,
un tunel de luz muerta
permanente en los recodos
de los laberintos
y de las caras sangrientas
en donde se ocultan las lacerantes
aristas
que en su piel son pinceles
sobre un lienzo
impropio al cuerpo que contiene
run. jump. get away.
before the darkness.
falls.
La puerta abierta
en las caricias de la costa
las olas acercandose en la marea
lamiendo la arena que siente como propia
debajo de sus pies, presos del olvido en el llanto.
esperando que las sombras
se atrevan algún día a cruzarla
y la liberen del tormento luminoso
que el amanecer le impone durante
todos los dias en que ve una ciudad ausente.
correr
correr
CORRER
y dejar atrás
perdidos en los quiebres de cintura
las notas de la posesión
corriendo hacia el precipicio,
escapando de la lluvia.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 3:44 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo intitulado, literatura, poesía
jueves, febrero 14, 2008
Bajo el mismo cielo
El fragmento de una nube
colgando sobre un laberinto
pleno de errores, sacrificios
Tan sólo eso pueden compartir
sombras de portales esquivos
en las nieblas perdidas
del rumbear de los tiempos.
Ella, contemplando
la marea humana
que baja sin rumbo alguno
a través de las avenidas
y los setos,
viste las esperanzas
y el callado deseo
de las palabras
presas entre sus labios.
Desde acá,
compartiendo los últimos momentos,
todo cuanto en el cielo ve
es reflejo de sus ojos brillando
en un umbral oscuro
de una esquina desconocida.
Comparten solamente
un fragmento de nube
que es
un haz de luz fluctuando entre
la distancia que los separa
y el cielo que los une,
y aun así,
su suspiro es tormenta.
Porque alguien
en ese laberinto hecho
de esquirlas lloradas y prohibidas
desea morir por ella,
aunque no sepa de su rostro,
ni del contorno de los labios
que una noche supo confundir
entre todos los espejos
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 11:35 a. m. 2 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo literatura, poesía
intitulado 14.02.08
Hay en mi futuro,
o en mi pasado,
(todo termina mezclándose
y dándole a todo un sentido
de íntima pertenencia)
un valle cubierto
de hojas caídas,
durante un otoño seco
acontecido durante
los pasos del camino que recorría,
o recorreré.
En el centro de ese valle
está el nácar reflejo
de una laguna inmemorial,
tan calma sus aguas
en el agite de los vientos
que más espejo de oníricas costas es
que sepulcro eterno del
silencio que me atañe.
Todo esto
es de a oídas
(¿saben?).
Una vez creí ver
un reflejo plateado
sobre las ocres aristas
de un sitio plagado
de cuantas cosas
pudieran existir.
Pero no,
fue solo creer ver,
para darse cuenta
que uno extraña
lo que tan cerca estuvo,
por más fantasmal
que haya sido
aquella lejana
ausente
perlada
presencia.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 11:20 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo intitulado, literatura, poesía
Diario - Dia 7
Día 7
What looks so strong, so delicate
Korn – Coming Undone
La memoria funciona así, de una manera incomprensible y sin seguir jamás la misma senda dos veces. No se sabe de que manera la mente elige lo que es indispensable recordar de lo desechable. Muchos terminamos atesorando recuerdos inútiles e ideas formadas hace tanto tiempo que las tenemos sólo a ellas, sin nada que nos indique el momento o la situación en que fueron concebidas. ¿De que me sirve saber ahora lo que estaba haciendo aquella tarde de hace cuatro (cinco, diez, veinte. El número no importa) años, cuando River hizo el gol del campeonato, frente a Olimpo de Bahía Blanca? Sin embargo, puedo vivir ese momento una y otra vez en mi mente, sin hartazgo y sin saltarme un cuadro. No me sirve de nada, pero sé que está ahí, por las dudas.
Uno nunca sabe cuando va a venir alguien a preguntarte: “¿Y? ¿Qué estabas haciendo vos la mañana del once de septiembre del 2001?”. No me acuerdo con precisión. Se qué había un televisor prendido en una habitación cuya ventana estaba cerrada, pero no creo que haya sido de ese día. Lo más probable es que haya estado durmiendo.
Nadie sabe como funciona la memoria, pero maneja un cierto par de trucos para asociar, asentar y traer recuerdos al presente, ya sea por casualidad o de forma adrede. Los olores son una de esas herramientas. Es difícil sacarse de encima las sensaciones que despiertan ciertos aromas, en ciertas situaciones. Tal vez sean las situaciones la que permitan que el aroma prevalezca como un hilo conductor que nos termina arrastrando en esa vorágine. Todos se deben acordar la esencia, el tacto y el sabor de la piel que degustaron por primera vez, así como las palabras y las vibraciones que los fueron tensando. Ahí debe haber algo, que debe de subyacer en algún lugar más allá de donde las impertinencias diarias nos confunden, que sobrevive al tiempo y que salta en momentos azarosos: cuando caminamos por la calle, cuando tomamos el ascensor, cuando despertamos y completamos a una ciudad a punto de sumirse en su rutina.
En días como este sólo queda, para quienes estamos ajenos a este circo que se teje, tratar de descansar y distraerse, sin pensar mucho en las consecuencias de la soledad, que al fin y al cabo es la única que nos permite poner en perspectivas todas las cosas y tratar de encontrar respuestas a esas dudas que tenemos todos, más allá que algunos las tengan más o menos existencialistas que otros.
Hoy no voy a atender el teléfono, por decir un ejemplo. Voy a permanecer gran parte del día sentado escribiendo, ajeno a cualquier otra actividad, excepto ir al baño y cagar. Si tocan mi puerta, no atenderé. Dejaré que puteen allá abajo, y seguiré inclinado sobre el teclado, a la caza de las palabras que si no se escriben se pierden. Estoy harto de postergaciones. No me llevan a ningún lado y sólo me llenan de excusas falsas que no sirven para nada. Estoy harto de mis excusas.
Puede que escuche música, muy a pesar de mis vecinos, para tratar de ahogar ciertas penas que voy a seguir llevando sobre la piel mucho tiempo. Hay ciertas cosas que en el calendario no cambian. Todas las semanas seguirán teniendo siete días, sin importar cuan puestos estemos y hasta donde estemos dispuestos a perder la conciencia, y cada día 24 horas. El tiempo que no se sufre, no se vive; y ya tengo una gran deuda en cuanto a eso de dejar pasar los días pleno en la inconciencia.
Estos días han sido un infierno. Pero hasta eso uno se termina acostumbrando. Por lo menos ahora sólo me atormenta su recuerdo, potenciado en esta ausencia plomiza de una ciudad húmeda y caliente. Muchos temas me recuerdan a ella. Por eso, tal vez, y para placer de mis vecinos, hoy sólo escuche el lento meditar de mi conciencia y de mis dedos escribiendo algo que tal vez después deseé borrar. Words are very unnecessary, they can only do harm. Reflexionar sobre un fantasma empecinado en escudarse en mi flojera para superarlo.
Soy un caso demasiado patético, Dios.
Abajo, en el mundo real, creo que todo seguirá más o menos los mismos cursos de toda la vida. Gente vivirá y sufrirá, algunos se sentirán alegre pero no sabrán que todas las alegrías son efímeras, otros entrarán en depresiones que los hará analizar las cosas desde un punto de vista radicalmente distinto al anterior. O puede que no. Tal vez yo estoy tan harto de tener estos quejidos sobre mí, que no veo la hora de terminar con todo esto de una buena vez. Pero soy cobarde. Demasiado cobarde, para ser honestos.
sus encantos de mujer perdida,
disfraza las llamas que encienden
las ciudades tras sus pasos,
en donde reina el silencio
de una ausencia insoportable,
hecha de ecos muertos
entre esquinas siempre extrañas
e imprecisas.
Después de sus pies
dibujados en las aguas
que bajan hacía diques
hechos de memoria,
sólo queda callar y hacer
de los rostros mudos,
el himno de nuestra esperanza”
No me dejo tentar por la promesa de eternidad vacua que escucho desde más allá del balcón. Mis amigos temen por eso, no se por qué. La vida vale demasiado como para pagar con ella el despecho de un abandono, que al fin de cuentas es un rechazo más dentro de una sociedad que nos enajena de uno u otro modo.
Tarde o temprano despertaré de esta pesadilla. Lograré sacarme de encima el velo de sus estantes vacíos, de la espera de un llamado y de soñar con volver a sentir con tus caricias, sin importar el tiempo que haya pasado. Porque por más que haya toda una industria a documentar su paso, el tiempo es una de las percepciones más personales que podemos hacer de este mundo lleno e imperfecto en sus certezas.
Words are meaningless and forgettable
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 11:03 a. m. 2 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo Diario, literatura, relato, serial
Parte II
Antes de leer esto, leer esto.
¿Hasta donde correr?
El desierto, con todas sus pesadillas y sus alimañas, había quedado atrás de aquel estampido liberador. Un grito de paz para silenciar esa voz que lo oprimia, y que lo había terminado llevando hacía ese final impreciso que suelen ser las paredes en los desiertos.
Negó agitando la cabeza, tratando de alejar todas aquellas ideas del pasado. Tratando de dejar esas heridas pudriéndose entre la arena, la piedra y todos los relojes rotos que se negaban a correr. En su cabeza, una pequeña cicatriz mantenía el rostro de su padre flotando y brillando aún bajo la noche que se alejaba.
Tenía que correr, sin importar hasta donde.
El camino guiaba sus pasos y se moría detrás de él. No había sombra que devorara la nube de polvo que levantaban sus pies descalzos. No le importaba. Su mundo de negaciones era una constante a la cual la costumbre le daba un manto de cinismo y un aspecto pesimista. No había certezas para la desnuda piel que cruzaba por las ruinas de un pasado incierto. Los días vividos habían quedado en sus ropas, lejos, en un camino que moría frente a una elección infinita y al destello de una moneda girando en el aire.
Con las hojas flotando en ese otoño atemporal, tejía en su mirada los cabellos amados. Los rubios hilos formaban los centimetros de una piel que sentía tan propia como las alternativas negadas y el latir de todos sus sentidos más allá de su conciencia.
Estaba en casa, en el principio mismo de la figura que lo había desvelado y que ahora encontraba de vuelta forma y presencia. Todo el resto era una mala noche, donde se habían acontecido y se iban a dar las peores pesadillas de las que alguien pudiese tener memoria. Estaba en casa.
- Susan - dijo, mientras la estrechaba entre sus brazos y apoyaba aquella cabellera trigueña sobre su pecho cruzado de cicatrices.
El despertar de los placeres, la reanudación de un baile interrumpido por el destino, el ka, todo se conjugaba en sus lágrimas hirientes. Destrozaban el cuero en su paso y, violentas como la sangre, cubrían de purpureo deseo toda la superficie que ambos compartían.
- Toma, Roland - le dijo ella, tendiéndole las armas y dejando que su sombra se hiciera la de ambos.
Así era la forma que había tenido el principio, tanto tiempo atrás.
imagen rob... tomada prestada de la página de Stephen King, con toda la caradureza del mundo; perteneciente a la novela gráfica de "The Dark Tower"
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:19 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo Cuentos, literatura
miércoles, febrero 13, 2008
Parte I
- ¿Qué estas parado donde? - preguntó.
- En una esquina, te digo - respondió, rascándose la barbilla afeita y mirando hacia ambos lados de la calle, para ver si pasaba algún vehículo o algo. Pero no. Bajo la mirada del cartel que marcaba que "esto" se cruzaba con "aquello", no pasaba ningún vehículo. Ni por puta casualidad.
- No es una esquina, boludo - le espetó - Es una bifurcación.
- Creo que vendrían a ser algo bastante parecido.
- ¿Estás seguro?
Asintió levemente. Pensó en la respuesta y todo eso. ¿Estaba seguro?¿Realmente seguro? Sí, lo estaba, aunque los terminos no le terminaran de cerrar dentro de su cabeza. Esos días de cansada huída bajo un sol aplastante le habían sacado las ganas de pensar y de tratar de encontrarle respuesta o razón a todo. Se dejaba llevar. Fluir. De eso se trataba. La inercia hacía cosas maravillosas.
- No.
No me interesa en verdad. Había llegado hasta el final, por lo menos de una parte de esa busqueda a la que le había dedicado más tiempo del que creía necesario.
- Siempre hay que dar un poco más - le indicó.
Suspiró cansado, mientras se sentaba sobre los restos del camino. El polvo se le había pegado a los pantalones, una piel sobre esa segunda piel, y cuando estrechó las piernas unas pequeñas grietas surgieron por entre la costra amarilla de la arena. Se acostó sobre su poncho y apoyó las manos enguantadas sobre los dibujos de lo que alguna vez había sido una calle. O una ruta.
- Levantate. No es tiempo de descansar.
¿Cuando sería tiempo entonces? Hubiese querido tener fuerzas para responder, pero la sombra de su sombrero rodeando sus ojos hacía borrosa todo cuanto había a su alrededor.
Pronto, los sentidos dejarían de tener importancia.
- Levantate - rugió algo ahí afuera, un poco más allá del telón oscuro que tenía enfrente y de la pared que se extendía hacía el horizonte - ¡Que te levantes, cabrón!
Se irguió con velocidad, desenfundando sus armas. El sol hizo destellar su reflejo incluso por entre el polvo y el barro seco, cicatrices del viaje sobre el metal, e hirió su vista.
- ¿Que mierda quieres?
- Extender los pies, puto de mierda. Estaba harto de estar encogido contra esa superficie ardiente.
Se sacó uno de los guantes y acarició la arena. Hervía. Agradeció haberse tirado sobre el poncho, a pesar de lo cansado que estaba. Se colocó el guante y se calzó el sombrero. No parecía haber caído el sol. Desde hacía tiempo no caía. Tal vez la locura lo había arrebatado o tan sólo el tiempo había ido disminuyendo su paso hasta detenerse. Enfundó las pistolas y miró las flechas que iban hacia un lado y hacia otro. Abajo, con pintura borrosa por los años, había un número. Debajo del número, con otro tipo de letra y de pintura, alguien había garabateado "Centro". O eso le parecía.
- ¿Para donde, entonces?
No respondió. Tenía la cabeza lerda por la siesta bajo el sol o por la falta de sueño. Las razones son banderas que despliegan los débiles de espiritu, pensó. Se acercó a la pared y miró hacia el cielo. Las nubes se cortaban en un final impreciso, donde la corvatura del cemento o de lo que mierda fuere hacían parecer inminente la caída de los ladrillos. Hizó la cabeza para atrás y se
alejó un par de pasos.
- Creo que tenemos dos alternativas, nomás.
Frente a él, centro y dos direcciones. Opuestas. Las alternativas que se saben resolver arrojando una moneda al aire.
- No, con la moneda no.
Se palpó los bolsillos, cerca de los revolveres y, sacando un doblón dorado, vio el rostro de su padre cortado en el aúrico perfil. ¿Cuanto tiempo desde el primer paso? ¿Desde la primera noche durmiendo bajo nubes oníricas cuyos límites se disolvían en el polvo estelar? Ya hacía tiempo demasiado tiempo.
- No. La moneda no.
Durante un segundo, durante lo que dura un estampido en morirse, Sol, tiempo, pared, centro, nubes, todo, habían sido una cosa. Incluso las ropas que quedaron sobre la huella de un camino desaparecido hace tiempo, sin que haya nadie para usarlas.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 11:44 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo Cuentos, literatura
Piedras
Quiero encontrara
la manera de decir
que algo no anda bien
y que no suene tan
gay
("guei", se pronuncia)
como decir:
"ay!, todo mal";
ni tampoco tan
heavy
(jebi, pa' la muchachada)
como:
"saltó a la remierda".
Ojo,
que no quiero
decir que no pueda escribir
una frase solemne al estilo de:
"Hay en el dolor de silencio
la herida latente de tus labios
cerrados y tus ojos llorosos".
Sólo que para solemnidades
bastan ciertas fechas
de marketinera inminencia.
So, fuck'em.
Está en la forma,
no en las palabras
¿que forma tiene el dolor?
¿como escribir "silencio"
no sólo con las palabras
sino también con todo lo demás?
los espacios, los versos, los signos
el formato....
Todo al fin,
se pierde
y solo queda decir
write it
and press "publish",
porque sino
la cagaste.
Tropezaste, y otra vez
volver a empezar.
Estoy harto de loops interminables
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 11:45 a. m. 4 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, poesía
Pesadillas de azufre dentro de mi maletin.
Caminar por el boulevard,
en febrero y a eso de las diez de la noche,
a uno le da frío, ya,
como si el verano se hubiese batido en retirada,
caótica retirada entre praderas inflamables,
pero olvidandose de quemarlas.
Sí,
tanto así.
En la conciencia
grabo los rostros de una multitud errante,
un río que cae
con lentitud
hacia la represa.
¿Hay libertad en ese cauce
de ojos azules, anteojos negros
y caderas que enamoran
a los flojos de corazón?
Levanta la vista, che pibe.
Que no te lleve la vida puesto
por delante,
que vai a terminar
vaya uno a saber donde,
preso entre escotes
y las piernas
de esquinas imprecisas,
que se duermen en las noches.
No hay promesas,
te terminás dando cuenta de eso,
entendes?.
La única certeza que tenés
es que las agujas corren,
las hojas se caen,
y seguís parado bajo el mismo cielo,
solo que moteado de diferentes nubes.
Ah!
me olvidaba.
Y estate seguro
que por más que laves
hay sangre
que de tus manos
no se van.
Eternas,
en las cicatrices
que se tejen
sobre tus brazos,
quedan las marcas
de lo que querés callar
pero no podés.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 10:53 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, poesía
Microcuento
- ¿Por qué estas sagrando? - le preguntó.
(inspirado por "sigo esperando la llegada del idiota")
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 10:31 a. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, microcuentos
martes, febrero 12, 2008
Lágrimas
Función y estructura.
Primero,
arriba a la derecha,
fecha y hora.
Enter
Enter.
A la izquierda,
negrita,
De porque nacen y para que sirven
(dospuntos)
Enter
Tab, dejar margen,
abrir comillas, escribir.
"líquido producido por el proceso corporal de la lagrimación
para limpiar y lubricar el ojo. Intervienen fundamentalmente
en la óptica ocular y en el normal funcionamiento del
globo ocular y de sus estructura".
Linkear a Wikipedia.
Y no caer en la mentira.
"Funciones y Estructura"
subrayar y recalcar
[- Fuck. Blogger no tiene el código para subrayar
- Bueno, dejálo así. Mañana será otro día
- ¿Y que tiene que ver el otro día en esto?
(silencio)
- ¿Qué tiene que ver? ¿Qué? Yo lo que quiero es subrayar
(silencio)
(silencio)
(silencio)
(BANG!)
- Fuck. Eso si que se llama subrayar]
que se utiliza
para decir
joder
pero con
mucho más estilo
subrayado, cursiva y negrita.
Subtitulo, sobre margen izquierdo,
Primero (1º)
o sea,
Función
(dospuntos)
Las lágrimas son
- rutas sin sentido
- recuerdos de canciones
- sueños de estos y de aquellos
- viajes entre flechas sin destinos.
Y abarcan
toda la geografía que se extiende
entre
a) y b),
siendo a) acá
y b) allá,
pero que no pertenecen
a ningun lugar,
ni a nadie en especial.
Nos unen, pero la usamos
en los rechazos.
What a bitch.
De su estructura
puedo decir
agua
dolor
y adioses.
Las lágrimas
de felicidad
son adioses
a aquellos
malos momentos.
No sabría con certeza, no las conozco muy bien
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 2:24 p. m. 4 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo cueck, literatura, poesía
lunes, febrero 11, 2008
Ritmo
Es una lanza,
sostenida por vibraciones
invisibiles
inaudibles
intocables
que la mantienen
encima del caos
suscitado por una ola
sobre la playa.
Acercarse
y recorrer un barrio
entre gestos
tan parecidos
tan diferentes
ten unicos
pensando que un paso
es el comienzo de un circulo
en donde nos detiene
el final
con un punto.
Así.
Los aromas y los sonidos
nos marcan, y
hoy quisiera
sentir como todo
me marca,
susceptible a los deseos.
Así. Como hoy.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 2:15 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, literatura, poesía
intitulado 11.02.08
Hay algo que no encaja.
Simplemente,
lucha por salir del molde
y romper
con todo lo que se da por sentado,
pero que desea
sea de otro modo.
Ese modo que tus tripas indican.
Una silla vacía
habla tanto como
el sol que destroza
las sombras ocultas
entre las ventanas
sucias, húmedas y cerradas
de los abandonos.
Tan cerca, pero tan lejos,
las respuestas generalmente
se encuentran donde
sabemos que estan,
pero no podemos llegar.
Todo se termina yendo
al carajo, ponele, por decir algo
pero las tripas
testarudas y rompebolas, sin duda
te dicen
que ahí están
en el mismo lugar que al comienzo,
y pensás
como si de descubrir América se tratase
que siempre todo es principio,
aunque estés leyendo
la ultima página
de un libro que no sabés
si es nuevo o viejo
o usado
que está en blanco
pero con trazos ya escritos.
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 12:54 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo anda a saber..., cueck, intitulado, literatura, poesía
jueves, febrero 07, 2008
Diario: Día 6
Día 6
De tanto por decirte
Tan sólo soy uno más
Que junto a vos resiste”
Almafuerte – Debes Saberlo
Hoy, que llueve, y que estoy encerrado acá sin poder coordinar tres ideas coherentes en mi cabeza, lo único que atino es a contemplar el techo y pensar. Hay temas recurrentes, que van desde las dudas existenciales que nos atormentan ante ciertas situaciones en donde la desazón, hasta algunas trivialidades surgidas del devenir diario de los días.
No sé en que pienso. Trato de no volver a la distancia que me separa de ella, pero es una especie de fantasma ubicado detrás de puertas que necesariamente deben ser abiertas. No creo que las abra hoy, ni muy pronto tampoco. Es algo que siempre cuesta enfrentar, y en donde la mirada siempre es dolida y se termina desviando hacia las paredes, para tratar de encontrar una respuesta, pero en donde vemos los recuerdos que genera su ausencia.
Las paredes siguen vacías. Parece como si hubiesen pasado meses desde el momento en que escribí la primera página de este diario y parecía que le estaba escribiendo una carta a ella. Tal vez porque esperaba, en ese entonces, que de algún modo te enterarás de la existencia de este cuaderno, lastimero atisbo adolescente, y que me leyera. O que me buscara y viera que en el dolor de los latidos hasta el orden que alguna vez le dimos al mundo se va al caño.
Pero no. Hoy trato de no pensar en ello. Los días mutan y mutaran, en ese paseo extraño en el que los acompañan las horas, hacía frágiles efemérides que serán ausentes para todos, excepto para mí. Sólo sufriendo uno aprende el concepto del dolor, y a mi las horas de su ausencia, de sus últimas palabras, de las paredes vacías que reclaman por la posesión de un fragmento de su identidad, me duelen. Como la gran puta me duelen.
No me importan las fechas. No hay nada de fehaciente en ellas. Puede que me pregunte o me pregunten más adelante sobre cuales fueron los momentos en que el sufrimiento tuvo una forma latente, palpable, frente a mis ojos, y yo les diré que fueron tal o cual período, pero siempre inexacto. Los calendarios no significan nada ante las lágrimas que nublan tanto al ojo como al mundo que este trata de vislumbrar. Pariente de la niebla es el llanto. No hay certezas en las figuras que a través de ellos se vislumbran.
Hoy, con la lluvia golpeando en la ventana y opacando el silencio de la tarde en Córdoba, trato de no pensar en nada, para terminar dándome cuenta de todos esos problemas que subyacen debajo de una capa de aparente tranquilidad. Me imagino un bosque, entonces, en donde la tragedia es inconcebible, hasta que la tormenta desata un infierno en él. Nada volverá a ser lo mismo después del paso de una llama certera por el combustible que la enardece.
Pendido sobre la ciudad de Córdoba, soy un bosque en llamas.
No hay una cronología certera en esto que escribo. Los días se preceden uno a otro, pero el ánimo o la intrascendencia hacen de ellos granos de arena perdidos en el desierto. Los desastres no admiten improvisaciones, como tampoco preparativos. Sólo llegan. Vientos que atropellan la mesa y hacen volar la baraja por los aires, anulando la mano en que s jugaba, sin importar las cartas que el azar pudiese haber puesto en las manos de cada uno.
Pienso en las cicatrices. Las que se ven y mostramos, con cierto orgulloso desdén, para las que admiren, y las que nos carcomen por dentro, infectas en pus y que nos hacen recordar que, a pesar de nuestros esfuerzos por curarnos, tendemos a tropezar y rasparnos las rodillas. Nunca hemos lograr salir de primer grado, creo a veces. Nunca aprendemos de los errores y ensayamos siempre nuevos intentos para caernos y rasparnos nuevamente. ¿Despertaremos pena, así? ¿Lograremos llamar la atención escalando más alto, puliendo todos nuestros defectos, para mostrar al final, que somos lo mismos que habíamos intentado cambiar?
Nuestra naturaleza no comprende los cambios. Así como vamos, volvemos. Más cultos o menos vestidos, más tímidos o extremadamente verborragicos, pero en esencia los mismos. Hijos de puta con más o menos palabras, con peores o mejores ropas, pero hijos de puta al fin.
Una breve reseña del huracán. No hay orden, en cualquier sentido en que se pueda aplicar esa palabra, en este mundo que me contiene, que llega hasta el balcón y se convierte en una forma gris incomprensible de sombras. No quiero saber cuanto tiempo he estado así, contemplando las aspas del ventilador girando con una lentitud hipnótica. Mis libros se mezclan y en mi los argumentos se pierden en hilos que no puedo seguir. La discografía es igual. Ningún disco está en la caja que le corresponde, pero aún así encuentro las palabras que le dan forma a estas palabras.
Hace ya mucho tiempo escribí mi primer texto al que pude definir mío. No importan los años. Ayer es ya “mucho tiempo” cuando el paso de los minutos es desesperante como el calor de la noche. Es un texto vulgar, ajeno a reglas de estilo y cosas por el estilo, lleno de lugares comunes. Decir “lugares comunes” es, hoy, un lugar común, cierto, pero aquella poesía se encontraba lleno de ellos. Y, sin embargo, me enorgullecía.
La escribí en una época en que los límites eran imprecisos y no importaba que todo se consumiera. El polvo es inevitable. Yo lo comprendí por aquellos días, pero quise creer que no me importaba esa verdad. Once you know you can’t never go back. Ahora, ya no creo en definiciones antojadizas y en las grandes diferencias que los hombres se empeñan en hacer existir. Compartimos el mismo destino, las mismas desgracia, los mismos sueños y hasta las mismas distancias insalvables.
Lástima que la intrascendencia diaria no les permita a todos el mármol de la gloria.
I heard your voice through a photograph
escrito por Matías Orange por'ai, cerca de las 1:28 p. m. 0 sorprendidos por semejante idiotez
una caradureza llamarlo Diario, literatura, relato, serial
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