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miércoles, febrero 06, 2008

El Final

No estaba durmiendo. Tal vez porque sus entrañas le decían que el sueño, en esas situaciones, era un amigo detestable que te traicionaba junto a los nervios. Bastaba con que estuviera presente uno, dentro de esa cáscara oscura y claustrofóbica, como para que el otro se hiciera presente, haciendo pesar los párpados. O simplemente, el compás lento que marcaba la gotera del techo, lo desvelaba.

No estaba durmiendo. Miraba al techo tirado en el catre, mientras una fina linea de humo conectaba, con un hilo oloriento, los barrotes de la ventana con el sol que despertaba a lo lejos, sobre los árboles muertos del horizonte.

La puerta que se abre, y la luz hiriente, fría, esteril, del pasillo en donde todo deja de contar. No le hace caso a las voces que los rodean, ni a los diarios, ni a las pantallas de televisión, ni a los gritos que surgen de la radio, ni a los que entran de afuera. Para él todo se reduce al paso que precede su otro paso, al camino que se teje delante de él.

Atrás queda todo. El catre, los barrotes rompiendo la llanura, el sol hiriendo los árboles.

Unas últimas palabras le piden. Él, calla.

Vaya a saber desde hace cuanto sus palabras son gotas muriendo junto a las horas.

martes, febrero 05, 2008

El tiempo

Tal vez fuese algo así como una tira de asfalto que se lleva toda la tierra y las esperanzas que laten debajo del acelerador. No podría decirlo. Se encontraba encerrado y el único atisbo de ese escape que el mundo llevaba a cabo, era la ceniza que pendía del cigarrillo encendido que sostenía entre sus manos.

A lo lejos, contemplando por la ventana, veía como una cinta azul moría en el horizonte, donde despuntaba el aurora. Unos árboles se recortaban y el viento los acariciaba suavemente. Los recuerdos debían moverse del mismo modo, pensaba, mientras los pasos resonaban más fuertes detrás de los barrotes.

Quiso dar una pitada, pero el tabaco se había consumido entre sus dedos. Sonrió tristemente. Sólos los recuerdos de breves instantes, y las fotos díslocas de sueños pasados podrían confortarlo.

El resto, como todo, se escapaba por fisuras que apenas podía vislumbrar.

viernes, febrero 01, 2008

La soledad

Se enlazaban hasta el infinito los anillos húmedos sobre la mesa.

Hasta el infinito, escapándose de la mesa.

Cruzando la puerta y cruzando la peatonal sin sentido ni direccion fija. Sólo viajando hacía donde se posara el vaso nuevamente.

Llegando a la Colón y bajando por General Paz.

Frente a la Catedral, enlazados estaban, uniendo esos hilos invisibles que vibran con el paso de las personas.

Y él, ahí, lejano al mundo.

Viviendo para todos. O para nadie

jueves, enero 31, 2008

La locura

Encuadra las imágenes dentro de tu mente. Despeja el polvo que cubre ciertas palabras y vislumbra a cada letra en singular, y trata de formar todo el texto que tengas en mente. Verás que es limpiar un espejo durante la noche. Harás un trazo y podrás vislumbrar un pedazo de la forma que se esconde detrás de esa capa que cubre el espejo.

Es un ejercicio difícil. No, no termina ahí. Un trazo despierta a su alrededor un vacío en el que no se escribe. Tu línea figurará un punto brillante, rodeado de un espectro que lo realzará o lo dormirá, depende la perspectiva que vayas a tomar para mirarlo.

Encuadra las imágenes dentro de tu mente. Realiza el trazo. Ahora dime, ¿brilla el espejo por el surco que abriste o por la mugre que cubre el resto que destaca su limpieza?

miércoles, enero 30, 2008

La espera

Así. Bajo la luz de la luna recortándose en los acartonados perfiles de las nubes, que eran tajeadas de tanto en tanto por los trazos asimétricos de unos dispares rayos, contemplaba la pared sucia que tenía enfrente. La habitación se encontraba mugrienta y el polvo que empezaba a cubrirlo amenazaba con transformarlo en un ápendice de ese cubo desprovisto de esperanza y vida.

Sólo tenía una compañía, dentro de un silencio abatido por instantes.